el mapa xinès és vertical (Enric Juliana)



 

 

Martes, 21 de abril de 2026

Geografía y política

El mapa chino es vertical

Hace más de cuatrocientos años, en 1602, el misionero italiano Matteo Ricci elaboró junto con el cartógrafo chino Li Zhizao el “Mapa de los Diez Mil Países de la Tierra” o Kunyu Wanguo Quantu. En ese mapa, el imperio de la dinastía Ming se hallaba en el centro de toda la tierra conocida. Ese mapa estuvo a punto de abrir las puertas de China al cristianismo.

Gracias @RollandNadege por llamar nuestra atención sobre este increíble  mapa adoptado por la Comisión Militar Central del PCCh. Todo está ahí. La  desintegración de América: la marginación del Atlántico y de Europa.La historia del jesuita Matteo Ricci es fascinante. La contamos hace ahora un año en Penínsulas, poco después de la muerte del papa Francisco, con motivo de una serie de artículos sobre el cónclave que debía elegir a su sucesor. Hoy se cumple un año del fallecimiento de Francisco, el mundo se halla mucho más revuelto y se está generando una fuerte corriente de simpatía a favor de su sucesor. La gente presta hoy atención a León XIV.

El lenguaje religioso está cada vez más presente en la discusión pública. Energía, inteligencia artificial, religión y mapas. Estos son los cuatro puntos cardinales de la actualidad. La Geografía se está vengando con creces, desbordando la profecía de Robert Kaplan, autor en 2012 de un libro titulado The Revenge of Geography. El concepto geopolítico es hoy omnipresente, el futuro inmediato de la economía mundial depende del estrecho de Ormuz, los musulmanes radicales ya no son los únicos que dicen combatir en nombre de Dios, y la moderna China actualiza sus mapas sin abandonar el centro del mundo.

Hay que volver a Ricci, por tanto. Acompañado por el jesuita español Diego de Pantoja, el misionero italiano se presentó en China en 1601 con una colección de atlas europeos que interesaron mucho al emperador Wanli. Este les pidió una versión en chino y los jesuitas, con la colaboración de un consejero imperial, elaboraron un enorme mapamundi en el que China, el Imperio del Medio (Zhōngguó), aparecía en el centro. Con esa representación del mundo se ganaron la más alta consideración del emperador, entreabriéndose la posibilidad de evangelizar China. Instalado en la corte de Pekín, Ricci escribió a Roma planteando la situación: el cristianismo podría expandirse en China si se adaptaba el relato evangélico a su cultura milenaria. Dios debía convertirse en el Señor del Cielo, se tenía que aceptar al culto a los difuntos y asimilar la divinización del filósofo Confucio. La deliberación duró más de un siglo. Finalmente, cuando Ricci y Pantoja ya llevaban años muertos, el papa Benedicto XIV dictaminó en 1742 que los cristianos no podían participar en los ritos tradicionales chinos.

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El mapa del que hoy queremos hablar, con la colaboración del geógrafo Santiago Fernández Muñoz, fue dibujado en 2013 por el geofísico y cartógrafo chino Hao Xiaoguang. Tiene rango de mapa oficial, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, se fotografía con él, ha sido promovido por la Comisión Militar Central, y es material de trabajo para los mandos del Ejército Popular de Liberación. Es un mapa que desarrolla la visión central de China con la que los jesuitas quisieron agradar al emperador Wanli en el siglo XVII, para dejar bien clara cuál es su óptica geopolítica en el siglo XXI.

Proyección Vertical del Mundo. Se trata de un mapa vertical que rompe con el tradicional esquema oeste-este, el tradicional mapamundi occidental que va del Atlántico al Pacífico con Europa en el centro, ocupando la península Ibérica un lugar bien visible. El mapa con el que nos educamos en la escuela. Nuestra visión del mundo. El mapa que, todavía hoy, cuando muchos datos de la actualidad lo desmienten, nos hace creer que habitamos el Imperio Pacífico del Centro, la confederación europea del centro, relativamente apaciguada después de dos guerras terribles en el pasado siglo.

Esa Proyección Vertical del Mundo admite diversas interpretaciones y conjeturas. China se halla en el centro y el continente americano no aparece como una unidad geográfica, como la gran Isla Mundial. Norteamérica asoma por arriba, y Sudamérica, por abajo. Eurasia domina la escena con China en el centro visual. La comunicación de China con Europa (brazo occidental de la gran plataforma continental euroasiática), puede efectuarse por tierra, a través de Rusia; por la preciada ruta del Índico (estrechos de Malaca, Ormuz y Bab el Mandeb, canal de Suez), sumida hoy en una colosal crisis militar; rodeando lentamente el continente africano, la vieja ruta de los navegantes portugueses; o bien por el océano Ártico, si el hielo lo permite.

Es interesante observar el Ártico en ese mapa. Ya no es el mar invisible de nuestros atlas escolares. El Ártico es hoy un mar crucial para la comunicación entre el Pacífico y el Atlántico si las condiciones de navegación lo permiten. Y el deshielo ya lo permite durante unos cinco meses al año. Observemos la costa septentrional euroasiática, formando un extenso frontal que va desde el Cantábrico hasta el estrecho de Bering, donde pocas millas separan el extremo oriental de Rusia de Alaska, territorio de Estados Unidos desde 1867, comprado al zar de todas las Rusias.

Observemos la costa ártica norteamericana y acabaremos de entender por qué el actual gobierno de los Estados Unidos quiere anexionarse Groenlandia y plantea, con malos modos, la incorporación de Canadá a la Unión. Sin Groenlandia (Dinamarca) y Canadá, Estados Unidos solo tiene acceso al Ártico por Alaska. Estados Unidos es hoy un socio muy minoritario de la sociedad Ártico, SA. El socio principal es Rusia. China no tiene acciones, pero sí una buena alianza con Moscú, después de décadas de enemistad pese a haber compartido los principios del marxismo-leninismo.

El mapa nos dice que es del máximo interés para China seguir cultivando una buena relación con Rusia, sobre todo si tenemos en cuenta que las primeras rutas de navegación comercial por el Ártico discurren cerca de las costas rusas, cuyas aguas se descongelan con mayor rapidez por el efecto atemperador del agua que abocan al mar los caudalosos ríos siberianos. En la muy fragmentada costa canadiense, el deshielo tarda más y sus aguas son de navegación más complicada.

China desea tener a Rusia a su lado. Y Estados Unidos siente la necesidad de reblandecer o romper esa alianza. Richard Nixon y Henry Kissinger vieron la brecha que se había abierto en los años sesenta entre la Unión Soviética y la República Popular China, después de la muerte de Stalin, y se plantaron en Pekín para intentar ensancharla. 1972. En aquel momento China iba en bicicleta y no dibujaba proyecciones verticales del mundo. La constante presión de la OTAN sobre las fronteras de Rusia después del derrumbe del muro de Berlín (1989) ha contribuido gradualmente a ese acercamiento. En los años sesenta del siglo pasado, la URSS era el amigo dominante. Ahora lo es China. La guerra de Ucrania ha acentuado ese acercamiento de intereses.

La Administración Biden creía que la derrota militar de Rusia en Ucrania sería una gran advertencia para China. La Administración Trump quiere acabar cuanto antes la guerra de Ucrania con premio estratégico para Rusia y castigo para Europa. La pinza de Estados Unidos y Rusia sobre Europa es una de las grandes novedades de nuestro tiempo. Es posible que un día veamos a Estados Unidos ofreciendo colaboración tecnológica a Rusia para la explotación de recursos naturales en el Ártico, colaboración en el rastreo de tierras raras a cambio de participar en el negocio. La historia no se repite, pero rima. Trump vuelve a Nixon. En su juventud, Trump fue un gran admirador de Nixon. Estados Unidos buscará la manera de reblandecer la alianza de China con Rusia. El mapa de Hao Xiaoguang nos lo dice. Otra cosa es que Trump y su corte de los milagros consigan emular a Kissinger.

Seguimos contemplando la Proyección Vertical del Mundo. El mapa nos presenta África casi como un anexo de Eurasia. El geógrafo inglés Halford Mackinder, padre de la teoría geopolítica occidental, sostenía que si una sola potencia dominaba Eurasia, pronto se haría con el control de África, consiguiendo así el control del mundo. Ese axioma nos explica la terrible lucha de posiciones que se viene librando en África desde el final de la Segunda Guerra Mundial. China ha sido muy hábil en África.

Sigamos prestando atención al continente africano en la proyección vertical china. África tiene dos puntos de contacto físico con Eurasia: el estrecho de Gibraltar y la franja marítima que separa África oriental y la península arábiga: el Mar Rojo. Mientras se construía el canal de Suez, Julio Verne imaginó en la novela Cien mil leguas de viaje submarino que existía un canal subterráneo que comunicaba el mar Rojo y el Mediterráneo.

Suez, Mar Rojo, estrecho de Bab el Mandeb, golfo de Adén y los países del denominado Cuerno de África. Ese cuadrante es parte sustancial de la gran batalla regional que tiene lugar en Oriente Medio. Ormuz es muy importante. El futuro inmediato de la economía mundial pasa en estos momentos por el estrecho de Ormuz, pero el cuadrante del Cuerno de África no es menos relevante. El proyecto del Gran Israel va del Líbano a Somalilandia, territorio escindido de Somalia en 1991, pequeño país del Cuerno de África, ahora tutelado por los israelíes, desde el cual se puede vigilar el estrecho de Bab el Mandeb.

Se lucha por el control de la ruta de Suez. Se lucha por el control de la ruta que transporta petróleo y gas a Europa. Pronto veremos proyectos para esquivar Ormuz y transportar los hidrocarburos del golfo Pérsico a través de la península arábiga para llegar por tierra al Mediterráneo. Si los puertos mediterráneos de Israel se convierten algún día en un potente hub de la energía, Europa le deberá obediencia. Buena parte del petróleo y del gas que se consumen en Europa vendrían de Estados Unidos y de las terminales israelíes conectadas con el golfo Pérsico. Con este dato seguramente entenderemos mejor la batalla en curso.

Sigamos prestando atención al mapa. El otro punto de conexión Eurasia-África está en España y de alguna manera en Italia, por su proximidad a Libia desde Sicilia. Un hub alternativo podría ser la península Ibérica, conectada por tubo con Argelia (dos gasoductos, uno de ellos cerrado desde el 2021), gran receptora de gas natural licuado (ocho plantas de regasificación en sus costas), gran productora de energía renovable, con un fuerte potencial para la producción de hidrógeno (futura conducción submarina Barcelona-Marsella).

La península Ibérica tiene importancia geopolítica y hoy presenta seis conexiones políticas de fuerte intensidad: con la Unión Europea, evidentemente; con el norte de África, con Latinoamérica (Lula de Silva en Barcelona, Corina Machado en Madrid, este pasado fin de semana), con Estados Unidos, pese a las tensiones (bases militares, importaciones de petróleo y gas), y ahora con China. El reciente viaje de Pedro Sánchez a China ha sido algo más que un viaje comercial. Para China, España es hoy una periferia lejana pero interesante.

Volvemos a la Proyección Vertical del Mundo. En el mapa chino llama la atención la Antártida. En los mapas tradicionales de Occidente, la Antártida no suele aparecer entera, se insinúa pero no aparece. El mapa de Hao Xiaoguang nos dice que China estará muy atenta cuando en 2048 se abra la posibilidad de revisar el Pacto del Antártico firmado en 1959, acuerdo que define el gran continente helado como territorio neutral, “reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia”. La conexión marítima de China con el cono sur americano pasa cerca de la Antártida.

Y por último, aunque no lo último, el Pacífico. China teme ser cercada por el Pacífico, por ello intenta ampliar sus aguas territoriales. Estados Unidos mantiene un foro defensivo con Japón y Australia, al que se ha añadido India. Se llama QUAD. Estados Unidos, Japón, Australia y el Reino Unido comparten la alianza AUKUS. China teme ser un día estrangulada en el importantísimo estrecho de Malaca, puesto que Malasia e Indonesia son, en última instancia, aliados de los norteamericanos. Por su parte, Estados Unidos teme un desafío militar de la Republica Popular China con la reconquista de la isla de Taiwan. Y aquí nos encontramos con la ‘ventana de Davidson’.

¿De qué ventana estamos hablando? Mucha gente conoce hoy la ventana de Oberton (el marco de las ideas aceptables, el corrimiento ideológico de las sociedades), pero de la ventana de Davidson se habla menos. El almirante Philip Davidson, antiguo jefe del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos, advirtió en 2021 que China empezaba a sentirse militarmente preparada para llevar a cabo una operación de reconquista de la isla de Taiwán, gracias al desarrollo de su potencia naval y balística. Davidson hablaba de una ventana 2021-2027, puesto que el año que viene se cumple el centenario de la fundación del Ejército Popular de Liberación. Otros analistas militares hablan del periodo 2020-2030. En estos momentos, Estados Unidos ha desplazado parte de su fuerza naval en el Pacífico al océano Índico para cercar Ormuz. La ventana de Davidson está abierta de par en par.

¿Estaría dispuesta China a ampliar la actual crisis internacional con una intervención militar en Taiwán? Con el estrecho de Ormuz en juego, hay motivos para dudarlo. China dispone de grandes reservas estratégicas de petróleo, pero en última instancia también necesita que Ormuz esté abierto. La navegación por el Ártico aún se halla en periodo de pruebas.

Conjeturas sobre un mapa.

(Este nuevo capítulo de 'Penínsulas' ha contado con la colaboración de Santiago Fernández Muñoz, geógrafo, experto en geopolítica y políticas públicas, socio de SILO).