Cinismo. La filosofía del perro. Antístenes, Diógenes & Crates

Cinismo. La filosofía del perro. Antístenes, Diógenes & Crates (Hermida editores, 2026)

Libro y ebook Cinismo. La Filosofia del Perro de Antistenes, Crates y  Diogenes - Hermida EditoresAunque la tradición filosófica que se ha impuesto en Occidente pasa por el enfoque que definieron Sócrates, Platón y Aristóteles, sus enseñanzas tuvieron, antes de convertirse en canónicas, que imponerse a otras maneras de pensar y de vivir: la sofística, la retórica o la poesía. Entre todas ellas destaca por su inconformismo y osadía la filosofía cínica, la secta del Perro, que invitaba a sus discípulos a abandonar todos los bienes, dinero y tierras, y lanzarse a vivir por los caminos con un sayo y un bastón, alimentándose de lo que ofreciera la naturaleza y durmiendo en el suelo.

Pero, a diferencia de los mendicantes, los cínicos vivían con arrogancia, pues se sentían más cerca de la naturaleza y de los dioses que sus conciudadanos, libres de las esclavitudes del vientre, de las comodidades y del sexo; paseaban con orgullo su salud y una fuerza de voluntad capaz de deslumbrar a generales, reyes y emperadores. Antístenes, Diógenes y Crates se suceden (como en una suerte de dinastía laica) como figuras centrales de la secta del Perro, que, a diferencia de las escuelas de Platón y Aristóteles, prefieren filosofar no tanto con argumentos y razonamientos, sino con su ejemplo vital, practicando un modo de vida que reconocen superior.

Este libro recoge la obra de los cínicos, desperdigada en docenas de anécdotas (algunas de carcajada) y en las principales sentencias atribuidas a sus tres figuras principales, profundamente imbricadas en la vida ateniense. Sócrates, Alejandro Magno y Platón desfilan por estas páginas para debatir, aconsejar, discutir o dar réplica a los tres grandes cínicos, cada uno de éstos con su temperamento, pero todos con la misma convicción de dar ejemplo de un estilo de vida que desafía el conformismo de sus contemporáneos que es, ay, también el nuestro. Un festival de sabiduría y diversión.

"Leído hoy, este libro funciona como un antídoto contra dos males contemporáneos: el cinismo vulgar —el del “todos mienten, da igual”— y la ingenuidad reputacional —creer que basta con comunicar bien para ser creíble—. Los cínicos antiguos no eran nihilistas: eran exigentes hasta el extremo. No desconfiaban de la verdad; desconfiaban de quienes la proclamaban sin vivirla.

Quizá no sea necesario dormir en el suelo ni renunciar a todo. Pero sí convendría recuperar algo del olfato del perro cínico: distinguir lo esencial de lo accesorio, ladrar cuando el discurso no cuadra con los hechos y recordar —con humor, si es posible— que la reputación no se gestiona: se merece.

En tiempos de inflación moral y sobreexposición, el cinismo vuelve a ser una filosofía peligrosa. Y por eso mismo, imprescindible"

Marcelo BritoFan Fan

Resumen
Hombres y mujeres de un tiempo de crisis, los primeros cínicos representa­ron un verda­dero desafío para sus contemporáneos. Radicalmente opues­tos a los modos de vida y de pensamiento impe­rantes, lejos de apartarse en un retiro indiferente, se mantuvieron conscientemente en el interior de la socie­dad de su tiempo. Lo hicieron ante todo como el mejor modo de realizar el cinismo por ellos descu­bierto, a través del desaprendizaje y desembarazo de todo aquello que está en el origen de la esclavitud y desdicha reales del individuo, y como el mejor modo de confirmar las claves de la verdadera libertad y felici­dad. En ese contexto hostil es donde, como atletas y soldados de la filosofía, se entre­naron y combatieron cotidiana y públicamente, con el objetivo de convertirse en seres autosuficientes, libres y felices. Antístenes, Diógenes, Crates, Metrocles y su hermana Hiparquia (esposa de Crates) represen­taron por excelencia ese lado más decidida­mente heroico y desafiante del cinismo antiguo. Poco después otros, como Menipo o Bion, pro­si­guieron este desafío en el mundo helenístico, aunque quizá en su caso se tradujo más en críticas y sátiras literarias que en un compro­miso real de vida. Sin embargo, será sobre todo en época imperial cuando pro­liferará la figura del falso cínico vulgar, que ocultaba los vicios del parásito bajo la apariencia y la indumen­taria del filósofo.