El efecto de este dominio se ve multiplicado por dos ingredientes.
El estupor.
La oscuridad.
Ahora bien, Maquiavelo lo había comprendido antes que nosotros: lo que los pueblos comprenden esencialmente es a menudo lo que puede liberarlos.
Por eso, hacer que las cosas sean legibles ya es restar poder al imperio.
Donald Trump cuenta una historia en primera persona del singular.
Una geopolítica del yo.
Un yo hipertrofiado, egobeso, sin límites.
Y nosotros hemos olvidado ver lo que esta historia hace concretamente en el plural.
En el nosotros.
Sobre el nosotros que es un no.
Se está produciendo una profunda recomposición política.
Ayer por la mañana publicamos nuestra última encuesta Eurobazuca.
Los resultados marcan una ruptura.
Se está produciendo una toma de conciencia.
Los europeos se declaran ahora dispuestos a emplear la fuerza, incluso contra Estados Unidos.
El 63% de los encuestados se declara a favor del envío de tropas a Groenlandia, en una postura defensiva.
Para el 81%, una intervención militar estadounidense en la isla equivaldría a un acto de guerra contra Europa.
La imagen de los Estados Unidos de Donald Trump se derrumba.
El 44% de los europeos considera que ya es un dictador.
El 44% considera que tiene tendencias autoritarias.
Para casi dos tercios de los encuestados, la política exterior estadounidense es ahora una «recolonización» y una «depredación».
Una mayoría absoluta (51%) califica a Donald Trump de enemigo.
El 56% de los europeos se declara insatisfecho con la reacción de sus autoridades nacionales ante la intervención estadounidense en Venezuela.
El 63% considera que el secuestro de Maduro es ilegal e ilegítimo.
Hecho absolutamente inédito: el 21% considera ahora que es probable una guerra directa con Estados Unidos —un nivel de amenaza superior al que se percibe con respecto a China (11%) o Irán (18%)—.
En menos de treinta días, esta percepción se ha más que duplicado.
Por último, la demanda de alineamiento de la Unión con Washington se derrumba.
Deja enfrentados al compromiso (44%) y a la oposición (46%).
Pero detrás de este aparente equilibrio se perfila una dinámica: el compromiso retrocede y Europa se inclina progresivamente hacia un endurecimiento.
El sentido común está cambiando.
Sería absurdo no aprovechar esta energía que se está desplegando.
Las revoluciones convierten a sus adversarios en guardianes del pasado.
Sería terrible caer en la trampa que nos tiende la aceleración reaccionaria de Donald Trump, convirtiéndonos en defensores del antiguo régimen.